jueves, 27 de septiembre de 2012

Iconos para todos


Hemos hablado de los signos (¿señales también?). Distinguimos dos tipos: los que se emiten involuntariamente (los hemos llamado indicios) y los que se emiten voluntariamente.

Dentro de este último tipo hemos distinguido entre:
símbolos: aquellos que son convencionales y NO mantienen una relación con lo representado 
iconos: mantienen una relación de semejanza con el objeto representado.Esto hay que entenderlo en sentido amplio. Los iconos pueden hacer una referencia metafórica.

Y aquí un ejemplo de iconos. Un póster que ha sacado la Paramount para celebrar sus cien años. Es obra de DKNG Studios
¿Cuántas películas te sabes? 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Paradojas

Hoy ha salido en clase el concepto de paradoja. He tratado de explicarlo con algún ejemplo pero creo que lo explica mejor Auggie, ese personaje de Smoke.


"Si pasa, pues pasa. Si no pasa, pues no pasa. ¿Entiendes lo que te quiero decir? Nunca se sabe lo que va a pasar a continuación, y justo cuando crees que lo sabes es cuando no tienes ni puta idea. Eso es lo que llamamos una paradoja. ¿Me sigues?"
 
– Auggie (Smoke, 1995)

lunes, 17 de septiembre de 2012

Ya estamos aquí

Hola:

Ha empezado un nuevo curso y queremos arrancar fuerte con el blog. Después de las presentaciones nos hemos metido en harina y ¿con qué hemos empezado? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Con el tema 1, La comunicación!!!!!!

Originales sí que somos.

Este vídeo nos ha servido para analizar por qué puede fracasar la comunicación. Si el niño hubiera sabido hablar no habría habido anuncio pero si ese padre tuviera "intuición" o "relacionara conceptos", "se preguntara cosas" o "hiciera inferencias" pues habría entendido el mensaje: sin necesidad de código.

No es el código el mayor problema, más daño hace no inferir.

También nos hemos preguntado, viendo la definición de comunicación, si uno puede transmitirse algo a sí mismo. Y aquí tenemos que poner a Jaime Gil de Biedma que habla consigo mismo:


 CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA



De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.


... (El poema sigue. Si te gusta búscalo)

viernes, 16 de marzo de 2012

Tres entradas para el teatro (3)

Y, casualidades, vino a la Escuela Isidro Ferrer. ¿Casualidades? Sí, hombre de teatro y diseñador del cartel de Luces de Bohemia, la obra que vimos el mes pasado. Vino, estamos explicando Luces, a cerrar el círculo... teatral.

Y empezó, teatral, con el miedo a la hoja en blanco, con el miedo a quedarse en blanco ante un público elegido. Teatral porque arrancó, y con técnica nos condujo y nos dijo (sin poder explicarlo) quién era, qué hacía, lo que nunca haría ya y lo que ya había hecho. Y nos condujo a la sonrisa, a la pregunta, a la curiosidad, al esbozo de una idea. Nos gustó Isidro Ferrer, nos preparó una buena.

Olvidó su sombrero y nosotros tuvimos la delicadeza de no recordárselo.

Tres entradas para el teatro (2)

Hemos estado en clase hablando del teatro y, claro, en cuanto te descuidas, si vienes desde el siglo XIX y quieres llegar hasta Valle Inclán o Lorca pues el metro tiene una estación intermedia: Jacinto Benavente.

Y hablamos de Don Jacinto Benavente. Hombre de teatro, conocía el género y lo dominaba: el diálogo, el enredo, el ritmo, "era un arquitecto teatral". Por eso traemos aquí el prólogo de Los intereses creados. Quien habla así sabe lo que es el teatro y ama el teatro y vive el teatro:

"He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinanltes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en ciudades populosas a los más variados concursos, como en París sobre el Puente Nuevo, cuando Tabarín desde su tablado de feria solicitaba la atención de todo transeúnte, desde el espetado doctor que detiene un momento su docta cabalgadura para desarrugar por un instante la frente, siempre cargada de graves pensamientos, al escuchar algún donaire de la alegre farsa, hasta el pícaro hampón, que allí divierte sus ocios horas y horas, engañando al hambre con la risa; y el prelado y la dama de calidad, y el gran señor desde sus carrozas, como la moza alegre y el soldado, y el mercader y el estudiante. Gente de toda condición, que en ningún otro lugar se hubiera reunido, comunicábase allí su regocijo, que muchas veces, más que de la farsa, reía el grave de ver reír al risueño, y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reír a los grandes señores, ceñudos de ordinario, y los grandes de ver reír a los pobretes, tranquilizada su conciencia con pensar: ¡también los pobres ríen! Que nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa. Alguna vez, también subió la farsa a palacios de príncipes, altísimos señores, por humorada de sus dueños, y no fue allí menos libre y despreocupada. Fue de todos y para todos. Del pueblo recogió burlas y malicias y dichos sentenciosos, de esa filosofía del pueblo, que siempre sufre, dulcificada por aquella resignación de los humildes de entonces, que no lo esperaban todo de este mundo, y por eso sabían reírse del mundo sin odio y sin amargura. Ilustró después su plebeyo origen con noble ejecutoria: Lope de Rueda, Shakespeare, Molière, como enamorados príncipes de cuento de hadas, elevaron a Cenicienta al más alto trono de la Poesía y el Arte. No presume de tan gloriosa estirpe esta farsa, que por curiosidad de su espíritu inquieto os presenta un poeta de ahora. Es una farsa quiñolesca, de asunto disparatado, sin realidad alguna. Pronto veréis cómo cuanto en ella sucede no pudo suceder nunca, que sus personajes no’ son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista. Son las mismas grotescas máscaras de aquella comedia de Arte italiano, no tan regocijadas como solían, porque han meditado mucho en tanto tiempo. Bien conoce el autor que tan primitivo espectáculo no es el más digno de un culto auditorio de estos tiempos; así, de vuestra cultura tanto como de vuestra bondad se ampara. El autor sólo pide que aniñéis cuanto sea posible vuestro espíritu. El mundo está ya viejo y chochea; el Arte no se resigna a envejecer, y por parecer niño finge balbuceos. . . Y he aquí cómo estos viejos polichinelas pretenden hoy divertiros con sus niñerías."

Filigrana.png

Tres entradas para el teatro (1)

El día 23 de febrero, ataviados con bigotes y tricornios y el bocata de chope en la mochila nos presentamos en Madrid. Pero no, no íbamos a tomar el Congreso de los diputados. Íbamos al teatro.

Nos esperaba Max Estrella para darnos una vuelta por el Madrid de principios de siglo. En el autobús oímos, salidas de la nada, algunas de sus frases: "Lo que toco, para qué necesito verlo" "Soy el primer poeta de España" "Soy cesante, cesante de hombre libre y pájaro cantor""Yo te bautizo Saulo, soy poeta y tengo derecho al alfabeto"... Nos interesó el personaje, deseábamos conocerle.
El telón subió. a eso de las 8 y entramos en las luces... de bohemia. Y vimos a Max delirar, gritar, quejarse, palpar a la Lunares, reírse de todo quisqui... y le vimos llorar y dejarse morir: "Los muertos no hablan" fue lo último que dijo.

Algunos se hicieron fotos con los actores: los conocían de la tele.

jueves, 24 de noviembre de 2011

No hay camino

La clase es una caja de sorpresas. Un día entras con la idea de desentrañar”la esencialidad y la temporalidad en Antonio Machado” y acabas hablando de la pintura de Yves Klein, el del cuadro azul. Hoy ha sido un día de esos.

Miguel, todavía rumiando el cráneo de Phineas Gage, ha contado la historia apócrifa de Andreas Pickwick (este enlace no lleva a ningún lado).

Este trapecista danés tuvo una infancia muy difícil. Sus padres eran propietarios de una fábrica de galletas (danesas) y desde muy pequeño fue el encargado de doblar y dar la cilíndrica y característica forma a los latones que le cortaba su hermano mayor Soren. Sus manos quedaron surcadas por infinidad de cortes y de sus pulgares, sobre todo del de la mano derecha (era zurdo), apenas le quedó el hueso, de tanto corte que le daba.

Hasta que descubrió, también por casualidad, que podía tragarse el latón y se metió a trapecista. ¿Cuál es el camino que lleva a un ser, humano, de comer latón a volatinizarse y buscar el triple mortal? Machado ya lo dijo: “se hace camino al andar”.

Empezó en el circo Kindle tragando latón. Salía, apenas empezada la segunda parte, cuando el público aún no había terminado las panochas que consumían en el descanso. El número apenas duraba un par de minutos. En realidad, su trabajo principal era limpiar la pista tras las apariciones de las fieras o tensar las cuerdas de los trapecios. Solo acabada la función Andreas se atrevía a practicar sus saltos mortales y tirabuzones. Pero una desafortunada maniobra del trapecista titular, el mítico Jürgen Molden, le abrió a Andreas las puertas

de la gloria (vaya encabalgamiento).

Y así pasan las cosas, nos ha dicho Miguel cuando terminaba su historia, del latón al trapecio, del todo a la nada, de la nada al todo: “no hay camino, sino estelas en la mar”.